Síndromes Coronarios Crónicos (SCC)
La enfermedad coronaria se define como un proceso patológico en el cual se acumula placa aterosclerótica, ya sea obstructiva o no obstructiva, en las arterias epicárdicas. La cardiopatía isquémica representa la principal causa de muerte y discapacidad en el mundo occidental, siendo la angina de pecho la manifestación sintomática más común, lo cual afecta considerablemente la calidad de vida del paciente. Los SCC constituyen un espectro de presentaciones clínicas que surgen a partir de alteraciones estructurales o funcionales crónicas en las arterias coronarias o en la microcirculación. Estas alteraciones pueden conducir a un desajuste transitorio y reversible entre el aporte sanguíneo y la demanda del miocardio, resultando en hipoperfusión (isquemia), que a menudo es desencadenada por el esfuerzo, el estrés emocional u otras formas de estrés. La isquemia miocárdica se puede manifestar con angina, malestar torácico o disnea, aunque también puede ser asintomática. A pesar de que pueden permanecer estables por periodos extensos, las enfermedades coronarias crónicas tienden a ser progresivas y pueden desestabilizarse en cualquier momento, evolucionando hacia un síndrome coronario agudo (SCA).
Fisiopatología
Los mecanismos principales de la isquemia miocárdica en los SCC incluyen lesiones estructurales en las arterias coronarias (tales como aterosclerosis, hematomas o aneurismas) o funcionales (vasoespasmos). Además, los cambios estructurales o funcionales en la microvasculatura cardíaca, como la disfunción endotelial que provoca una disminución de la vasodilatación, también son causas significativas.
diagnóstico
Puesto que los SCC tienen diversas etiologías, sus presentaciones clínicas son muy variadas. Aunque el dolor torácico es el síntoma más reportado, algunos pacientes solo refieren disnea o no experimentan síntomas. Por esta razón, el diagnóstico se realiza en varias fases, con el objetivo de identificar la causa estructural o funcional de la isquemia y determinar el riesgo del paciente para prevenir futuras complicaciones.
El primer paso es una evaluación clínica exhaustiva, enfocada en descartar causas de dolor torácico no cardíacas y la presencia de un síndrome coronario agudo. La evaluación inicial requiere un electrocardiograma (ECG), analítica sanguínea básica y, en ciertos casos, radiografía de tórax y pruebas de función pulmonar.
El segundo paso consiste en establecer la probabilidad clínica de una enfermedad coronaria obstructiva. Para este fin, se realizan un ECG de esfuerzo y pruebas de calcificación arterial coronaria antes de considerar exámenes de mayor invasividad.
El tercer paso busca la presencia o ausencia de angina o isquemia sin obstrucción coronaria (ANOCA/INOCA), causada, por ejemplo, por angina microvascular y angina vasoespástica. Estas condiciones son más comunes en mujeres.
Finalmente, se utilizan pruebas de imagen más invasivas (angio-TAC, ecografías de estrés, etc.) para confirmar el diagnóstico y estimar el riesgo real de eventos, basándose en las características del paciente.